Era una dicotomía permanente, una guerra sin
tregua, un pasado sin futuro.
Debía frenar el paso desenfrenado por el cual me estaba conduciendo.
¿Cómo era de esperarse que todo aquello fuera capaz de abundar en sólo una
persona?
Toda aquella vorágine, esa incesante persecución de ideas y ese dialecto tan
amplio que emanabas porque sí.
Me apresuré demasiado al pensar que podrías quererme del mismo modo en que lo
hacía yo.
Prácticamente me obligué a crear una imagen utópica de ti en mi cabeza, pero
¿De qué sirvió, si al fin y al cabo, no resultabas real?
Quizá nunca debí idealizarte, así tal vez la decepción no hubiese sido tan brusca.
Y ahora te limitas a vagar en mis recuerdos, a hacerte notar de vez en cuando
en mis ideas y a presenciar mi insomnio con una dócil sonrisa en la cara.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario